El sábado lo teníamos todo: un campo como nos gusta a los jugadores de rugby, un rival de nivel, que cada vez tiene más de amigo y menos de rival, y sobre todo una plantilla que ya hace difícil decidir la alineación titular en el campo. Respecto al árbitro, mejor no me pronuncio, si bien quiero agradecer a todos el comportamiento con él, es un signo más de madurez en el equipo.Pero nos falló fundamentalmente una cosa: la continuidad. Tengo en la retina grabadas las caras y las miradas de los 15 jugadores durante los primeros 20 minutos del partido y durante los últimos 20, y éramos otro equipo totalmente distinto, empezamos como un ente sin ánima, que corre detrás del balón de un lado para otro y cada vez más desorganizado, además con errores de placaje que son más de actitud, ya que defendíamos esperando en lugar de comernos el terreno, con lo que el rival tenía tiempo para ganar velocidad y pasar hasta el ala si era necesario.
Tengo que decir, creo que por primera vez desde que competimos, que el partido lo perdió la delantera, ya que la 3/4, si bien peca de una atracción hacia los agrupamientos en defensa que debe vencer, estuvo bien en la presión en las patadas, marcando nuestro primer ensayo de up and under, y parando las acometidas rivales, mientras que la delantera, con una superioridad física manifiesta, estuvo gran parte del partido ausente, sin la contundencia necesaria para parar a los jugadores peligrosos (el 8 nos hizo dos ensayos), y sólo fue en los últimos minutos donde se pudo ver de qué estamos hechos realmente, pero ya fue tarde para la remontada. A mi personalmente me duele el cuerpo como hace tiempo que no lo hacía, seguramente por la intensidad de los últimos minutos, cuando si hubiésemos aplicado tan sólo una parte de esa intensidad el resto del partido seguramente estaríamos hablando de un resultado totalmente distinto.

